sábado, 14 de mayo de 2011

Bob XII: Una ciudad en una ciudad

Es curioso ver como todo se transforma...

Hacía poco que él había retomado su viaje en solitario. Nada de lo que arrepentirse en el pasado. Nada de lo que esperar del futuro. Sólo saboreando cada partícula del presente. Y una de esas partículas es un fenómeno bastante extraño:
Siempre iba al trabajo por una misma ruta, la más corta (apurar el tiempo es uno de sus principios, algo arriesgado pero divertido), aunque últimamente la misma ruta no era la misma. Le sorprendía de nuevo ese fenómeno que antes en otra ocasión le pasó. Por el camino al trabajo había calles que emergían hacia la izquierda desde la vía principal por la que iba con su bici. Estos días atrás miraba por esas bocacalles para ver si venían o no coches antes de cruzar pero... se les revelaba como nuevos mundos. Miraba a una de las bocacalles y siente ese temblor interno de descubrimiento, de la belleza que hay escondida allí un mundo que antes no veía... y eso que ella no vivía por la zona (bromas adolescentes por exceso de calor).
Le resultó curioso porque le parecía un barrio "extranjero", ajeno, estúpidamente ajeno a él. Estúpidamente porque vivía bien cerca. Era bonito ver todo lo que le hacía sentir ese barrio; deseaba recorrer cada calle y observar cada parcela, cada puerta, cada zona verde y cada cosa que pertenecía a todo su perímetro, como el niño que indaga en nuevos juguetes. Esa emoción pero de diferente manera. Sentía que quería conocer a gente de allí, de pertenecer a ese barrio. (Todo es extraño, lo sabe, pero es así).
Le resultó también curioso (y estúpido) porque no era el barrio en el que vivía ella, y eso que era "agua pasada, tierra quemada". No era lo que pasaba antes, que se quedaba colgado de la chica luego de no haber futuro. Siempre se convierte en veto de caza los aledaños, por futuros encuentros, miradas furtivas y una psicótica caza de "voy a ver/me van a ver aquellas personas que no quiero que me vean/me reconozcan, y absurdamente sigo buscándolas entre los que están...". Y es que ésta no era la zona donde solía estar ella, pero era del estilo del triángulo, del otro ángulo, y cualquiera le recordaba a aquel vértice.
Se guardaría para sí esa emoción que le resultaba demasiado bonita y demasiado ininteligible para (casi) todos. Ésta vez, el gancho de la zona y la chica se habían roto, una novedad que no entendía pero que le parecía más que interesante, a saber...

Decidió quedarse con la idea de ser una muestra más de saber ver la belleza entre los segundos de la vida, en cada recodo cotidiano y común de cada pared, cada acera, cada árbol, cada todo... "Y pensar que esta ciudad no es la mía y aún así de vez en cuando aflorar algún oasis pasajero como éste... pero sigue sin ser la mía, ni mi gente, ni nada por el estilo; yo no encajo en este puzzle".
Mantenía esa concepción de pasión por ese barrio que conocía desde chico y que realmente no conocía a penas y que se revelaba ante él como nuevo y sorprendente, cálido, agradable, ensoñador... ¡y eso que no lo conocía!. Mantenía esa idea, aún sabiendo que una pequeña parte de esa sensación era un "desvío inesperado por una carretera secundaria de aquella chica". "La suerte de todo esto -pensó para sus adentros-, es que es algo que se apaga en una zona externa al conflicto"...
Se armó de lápices, libreta de bocetos y algún sacapuntas y una goma. La noche menos pensada, la más inesperada, retrataría ese edén temporal de la emoción...
Bob escribió estas líneas sin encontrarle mucho sentido, pero le daba igual, "es lo que hay" se dijo a sí con el medio vaso agrio, y el otro medio (medio lleno) de placebo.

1 comentarios:

LaNiñaMariposa dijo...

Querido como estas?????? espero que muy bien! besos

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