miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pararse para seguir andando


Y ahí llegué, a aquella plaza, a aquellas calles.

Las recorro, poco a poco, como si fuera todo a cámara lenta y yo intentara sincronizarme con el entorno. Mucha gente diferente. Cada uno con su historia, con su dirección, con su misión, con su vida.
Los observo como el que mira cuadros en movimiento, Van Goghs que cobran vida en un ambiente tamizado. Miro a una señora de pelo rizado, setenta y pico años, que cada día lleva su carrito con golosinas, pipas y caramelos y se instala en la plaza central. Cuando todos llegan ella está allí; cuando todos se han ido es entonces su hora de partir. Y ella tiene setenta y pico años, con unas arrugas que acusan un viaje de más de las cuatro veintenas, y una dureza de caminar contra tempestades mucho tiempo, demasiado tiempo.
Otro hombre, que parece joven pero en realidad está en los cuarenta y tantos, lleva en bicicleta a su hija. Seguramente a una guardería próxima. Es un “pijo disimulado”. Se ve que tiene dinero, pero tiene estilo hasta para montar en bici con un traje informal, dejar a su hija que lleva en el trasportín trasero y proseguir su camino a donde quiera que trabaje – un día descubrí accidentalmente que trabajaba en otro barrio de la ciudad, me lo crucé saliendo del metro.
Guaperas total, pero con estilo, nada de ostentaciones.
Sigo viendo a aquellos ancianos que unos días sonríen, otros tantos observan haciendo su crónica íntima de la gente nueva que pasa y aquella que tras muchos días reaparecen por la acera. Había uno con pinta de bonachón, sonriente, de esos que bajo su gorra de vestir le asoman cabellos airados de color blanco puro, y unas gafas de lector avezado, y esa ligera barba conjuntada con su cabellera. Sonreía al mundo aunque éste quizá no le sonreía. Yo lo miraba y lo observaba cuando pasaba cerca. Me sacaba una sonrisa al ver alguien que era claramente –o engañosamente– feliz. A la vez, un día, no sé por qué, me dio como pena, y me brotaron bajo esa sonrisa que tenía yo unas lágrimas. “Alguien que no lo merece y que pronto se irá en la barca…” pensé.

Ahora he vuelto a andar, a observar las personas. Es algo que me encantaba, y ahora, creo que ha sido el momento de retomarlo. Me dispongo a andar, a mezclarme entre la gente, hasta llegar a la plaza antes de seguir por las callejuelas. Y, como si tuviera poderes, reduzco el tiempo, lo estiro como si un niño travieso, con el calor de sus dedos estirase onzas blandas de chocolate.
Ya veía a todos lentos. El paisaje “humano” ha cambiado en el tiempo (valga la redundancia tempo-textual). Pero ahora soy yo el que no tengo dirección, al que a pesar de haber viento y veletas no soy conducido a ninguna parte visible o divisable.
Sin rumbo claro, sin propósito definido, sin misión establecida…

A esa persona que está perdida, varada, truncada. Le toca pararse; por encima de todo, verse a sí mismo, replantearse qué tiene, qué no tiene, que quiere de sí para sí, qué aprender, qué corregir, qué hacer… todo paso a paso, lento a ojos jóvenes que ven de un segundo una vida, que estiran cada segundo, y que a ojos de aquel anciano, aquel que emociona con su mirada tierna, que ve una revolución, desde sus horas, a las de cualquiera.

4 comentarios:

Taniushkiya dijo...

caray! me encanta...

aiRin dijo...

'' reduzco el tiempo, lo estiro como si un niño travieso, con el calor de sus dedos estirasen onzas blandas de chocolate. ''
Me gusta esta comparación, lo veo.
Es distinto a lo anterior, si. Un abrazo, álvaro.

Juan Luna dijo...

Me encanta. El ritmo, las metáforas, las descripciones...y esa sensación de melancolía añorantemente contenida que se oculta en el caminante solitario que observa, sin juzgar, lo que ocurre a su alrededor. Y ese último parrafo a modo de conclusión no cerrada del todo, pero significativa. Creo que a este paso me quitas el puesto de escritor de la familia. Besos.

Kalle Eremit dijo...

Muchas gracias a todos, de verdad, lo aprecio mucho. Ahora lo releo y estoy muy contento de haberlo escrito un día que me propuse escribir "para no llevar muchos días sin publicar en el blog", así que... estudiaré algo de guionista, ¿no? jeje. Muchas gracias, Juan Luna :) pero lo mío es un hobby

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