lunes, 5 de enero de 2026

Suelo / Duelo

Es algo de lo que no quiero escribir. No yo, creo que nadie querría tener que escribir, porque te lleva a revivir los recuerdos. Hacer una compresión de un proceso escrito es más “fácil” desde el fondo de la sima –aunque la vives así con más intensidad, ¿con un toque terapéutico quizá?–, y no mirando a través de la ventanilla, viendo como se aleja poco a poco.


El duelo a veces se pasa con una mano en la niebla, el “vacío”, mientras que la otra la sostiene tu “suelo”. Tu conciencia, , está más dentro de esa niebla y no sientes realmente hasta qué punto estás dentro, ni tan abandonado. Estás en shock pero agarrado por la otra mano, sin que te des cuenta, por los tuyos, sean quienes sean: amigos, familia, familia elegida… Estás en la niebla, pero no vas más adentro.

Otras veces, puede que no tengas esa suerte: una mano está en esa niebla, pero la otra… la has movido, y te das cuenta de que es… otro vacío: no la sostiene nadie, o casi nadie pues no llegan a asirte.
En ese otro extremo, fuera de la niebla, sientes que esa mano no agarra nada, y es cierto, y entonces esa niebla te engulle. Del shock intentas reavivar tu cuerpo, con espasmos, ¿como cuando estás cansado y tu cuerpo reacciona? Pues eso. Pero es una agonía, los espasmos se ralentizan hasta que paran.
Y estando en shock, ¿quién te ayuda? ¿en qué te apoyas? ¿dónde está ese suelo?

No, no hay nada. 


Nada. 


Hay días que estás ahí, que sientes un poco de fuerza para fijar un pie e intentar andar, pero apenas das un paso y te das cuenta de que era una nube densa que se desvanece bajo el pie.
Hay otros días que no, que no tienes ni fuerza para enfocar la vista, así que olvídate de tus extremidades…

Hay días que sabes conscientemente que no hay nada.

Hay días que no hay nada, que ves todo fuera, pero alrededor de otras personas. 

No hay nada.
No tienes nada.
No hay suelo.
Nadie cerca. 


Esperas que la niebla se asiente, que caiga el rocío, o se congele creando un suelo resbaladizo, pero… una especie de suelo al fin y al cabo. 


Deseas que eso sea cierto. No lo ves claro, no lo sientes claro, pero en el fondo de tu otra niebla, tu niebla interior, es ella la que tiene ese deseo encarcelado. Hasta que no vaya condensándose y convirtiéndose en agua que riegue ese deseo de futuro, seguirás ahí, en una u otra niebla. 


No te equivoques: construirás varios caminos, varios suelos, algunos se caerán, muchos me atrevo a decir. Vas pisando teselas flotantes en una dirección, en otra, y en otra. A veces ni una aguanta, en otras es la tercera o la cuarta, y vuelves al centro de la niebla, en busca de otra… sin fe, pero ¿qué te queda? Otra vez parado en la niebla, no importa cuántos intentos llevas: cinco, diez, quince. Pero no hay otra cosa. 


Nada.


Así que sigues pisando teselas deseando que no se rompan más de lo que ya estás…

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