Mostrando entradas con la etiqueta negro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta negro. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de enero de 2026

Suelo / Duelo

Es algo de lo que no quiero escribir. No yo, creo que nadie querría tener que escribir, porque te lleva a revivir los recuerdos. Hacer una compresión de un proceso escrito es más “fácil” desde el fondo de la sima –aunque la vives así con más intensidad, ¿con un toque terapéutico quizá?–, y no mirando a través de la ventanilla, viendo como se aleja poco a poco.


El duelo a veces se pasa con una mano en la niebla, el “vacío”, mientras que la otra la sostiene tu “suelo”. Tu conciencia, , está más dentro de esa niebla y no sientes realmente hasta qué punto estás dentro, ni tan abandonado. Estás en shock pero agarrado por la otra mano, sin que te des cuenta, por los tuyos, sean quienes sean: amigos, familia, familia elegida… Estás en la niebla, pero no vas más adentro.

Otras veces, puede que no tengas esa suerte: una mano está en esa niebla, pero la otra… la has movido, y te das cuenta de que es… otro vacío: no la sostiene nadie, o casi nadie pues no llegan a asirte.
En ese otro extremo, fuera de la niebla, sientes que esa mano no agarra nada, y es cierto, y entonces esa niebla te engulle. Del shock intentas reavivar tu cuerpo, con espasmos, ¿como cuando estás cansado y tu cuerpo reacciona? Pues eso. Pero es una agonía, los espasmos se ralentizan hasta que paran.
Y estando en shock, ¿quién te ayuda? ¿en qué te apoyas? ¿dónde está ese suelo?

No, no hay nada. 


Nada. 


Hay días que estás ahí, que sientes un poco de fuerza para fijar un pie e intentar andar, pero apenas das un paso y te das cuenta de que era una nube densa que se desvanece bajo el pie.
Hay otros días que no, que no tienes ni fuerza para enfocar la vista, así que olvídate de tus extremidades…

Hay días que sabes conscientemente que no hay nada.

Hay días que no hay nada, que ves todo fuera, pero alrededor de otras personas. 

No hay nada.
No tienes nada.
No hay suelo.
Nadie cerca. 


Esperas que la niebla se asiente, que caiga el rocío, o se congele creando un suelo resbaladizo, pero… una especie de suelo al fin y al cabo. 


Deseas que eso sea cierto. No lo ves claro, no lo sientes claro, pero en el fondo de tu otra niebla, tu niebla interior, es ella la que tiene ese deseo encarcelado. Hasta que no vaya condensándose y convirtiéndose en agua que riegue ese deseo de futuro, seguirás ahí, en una u otra niebla. 


No te equivoques: construirás varios caminos, varios suelos, algunos se caerán, muchos me atrevo a decir. Vas pisando teselas flotantes en una dirección, en otra, y en otra. A veces ni una aguanta, en otras es la tercera o la cuarta, y vuelves al centro de la niebla, en busca de otra… sin fe, pero ¿qué te queda? Otra vez parado en la niebla, no importa cuántos intentos llevas: cinco, diez, quince. Pero no hay otra cosa. 


Nada.


Así que sigues pisando teselas deseando que no se rompan más de lo que ya estás…

viernes, 24 de octubre de 2025

La anestesia

Rutinas colectivas, tu escritorio, tu puesto de trabajo por inercia. El miedo a virar por no conocer qué hay en la carretera. ¿Te has planteado salirte del camino y, aunque andes en paralelo a la carretera, observarla con distancia? Y un día, y otro, y miras el calendario, y es jueves, y ya mismo viernes (si no hay juernes), y el viernes anestesia. Sí, amortiguas tu interior, y don N sale o Horacio González Opiáceo, o cualquier otro familiar que te visita hoy sábado, y mañana igual. que tal vas? / bien / ah que bien / sí ti@, ya sabes, el curro de siempre, no se hace muy pesado / y nada, con los colegas y tal, buenas risas y cervezas / de p madre / y tú? / pues igual, aguantando al jefe (a) pero estoy que me salgo de la pelleja / sí? / conseguí entregar eso y me sobró tiempo, así que hoy jarra de cerveza… / y con el/la pibe/a ese/a? / pues… / pues…??? / bien, con sus cosas / ya, pero? / ti@, van dos años, es una recaída / cuántas van? nueve? / y las que quedan… / (el/la otr@ piensa en si eso tiene sentido… huele que ese camino tiene poca salida) es verdad (y niega salirse, y sigue perteneciendo por miedo a no pertenecer a nada). La anestesia de un mínimo tiempo de ser protagonista, un tuerto en mundo de ciegos, unos ciegos que ven más de lo que piensan pero que no se atreven —o no saben— dar el paso, y luego otro… y otro… en tierra desconocida, pero es tierra, no el espacio inconmensurable. Así que… anestesia.

— En el reverso de la tormenta, octubre 2025.

sábado, 14 de junio de 2025

Lluvia

La Lluvia arrecía tan fuerte que sólo dejaba ver escasos metros más adelante. 

Turbias eran las siluetas que de vez en cuando, cuando el concierto flaqueaba, aparecían en los mínimos trasquilones de esa cascada grisácea transformada en ríos sobre el asfalto. Esos ríos conectaban con el fondo de la postal, como al otro lado de un escaparate de esas vidas que son y en las que no está

Volvió a mirar los ríos, y de nuevo la cortina cortó esa conexión. 

Ruido gris. 

– Una amiga del tiempo –pensó en alto–; solo deja ver el aquí y lo poco que hay cerca, dejando lo lejano y lo de más allá en tiempo y forma, allí y entonces, tras la cortina del diluvio que riega el futuro... en tiempo y forma.

Lágrimas del cielo que lloran por lo que fue antes,
lo que es aquí
y lo que será allí... ¿mañana?...

Sea lo que sea,
cuando sea,
donde sea...

...será.




viernes, 9 de diciembre de 2011

Apuntes de Hiel-hecho


Unos siguen mientras otros piensan.
A los que piensan parecen los otros evadirse;
los que se evaden intenta seguir,
mientras que a éstos les parecen que lo repiensan.

Unos ríen hacia fuera
mientras taponan lo de dentro.
Otros callan hacia fuera
para no molestar a los atentos.
Unos miran a otro lado
mientras el barco se agrieta,
los que están achicando agua
abandonados por los que se miran en cubierta.

Por ahí campa a sus anchas
sin hacer muestra de su encanto,
esa diosa que todos asquean,
Justicia la llaman, dénmela,
la remato.

Y qué debe y qué no debe ser,
y qué merece y qué es demasiado para aquel.
Y qué me cuentas tu ahora,
te callaste y huyes del deber.

El guerrero sufre heridas de guerra,
una aventura mal trecha vivió él.
Qué difícil es levantarse cuando se llora,
más aún cuando las heridas sangran
y torniquetes a solas,
bajo la luna de hiel.  



miércoles, 7 de diciembre de 2011

Resquicio de savia vieja


Iba a dejarlo para el día en que los pocos inocentes que quedan se dedican a sí mismos un día entero. Pero este miércoles ha sido el día idóneo, ¿verdad?. Te dedico este texto que te escribí a principios de verano, cuando en esta ciudad uno se siente más solo que de costumbre, y todo el mundo se refugia en la pompa de las vacaciones, antes de seguir con las rutinas de este mundo "misántropo", como tu dirías. 
A ti, con cariño y añoranza.



   Resquicio de Savia Vieja                                     24/07/11

Le sorprendió lo efímero que puede ser el reflejo de una persona en el mundo.

Un par de lunas atrás se sentó en el paseo del río, en aquella zona en la que un día rió sus gracias, e imaginó una biblioteca solitaria colmada de sus miradas que hablaban más que las páginas que les rodeaban una tarde de otoño. Ni el otoño ni el verano llegaron, ni los libros se sintieron recelosos de aquella estampa que nunca vio su luz de la mañana.
Pensó en el hueco que dejó al desaparecer. Observaba a la gente caminar por el paseo de la ribera. Unos haciendo algún tipo de deporte, otros pescando, la juventud bebiendo, ocultándose de las responsabilidades por un tiempo en el alcohol, niños que aún no tenían ni idea de lo que se le avecina... Pensó en cómo llegó con una pasión arrolladora y se marchó en el suspiro del trueno.
Atónito, no era capaz de comprender como el amor se confundió en una pasión desmesurada, cegadora, huyendo bajo la mentira de la resignación, sellada para siempre con abstinencia del deseo.

Revolvió en el suelo hojas secas; recordó el crujir de las mismas tras las pisadas entrecruzadas de 4 pies en una sincronía desvinculada. Sujetó una de ellas por su peciolo. Cuán pequeña e inocente a merced del viento perecía, carente de vida, con su legado venoso y yermo de color tostado. La fuerza de la savia una vez recorrió sus afluentes, como la misma hoja vio su dueto interrumpido, carente ya de vida, sin sentido; un recuerdo enredado.
La soltó y recorrió los escasos metros del paseo que le quedaban hasta el semáforo. Divisó su rincón en el margen contrario y el sol poniéndose; dijo hacia sus adentros "adiós" por última vez, resonando sólo dentro de su cabeza, como si de un dios se tratase, para finalmente girar la vista e ir hacia adelante, nunca hacia atrás.

Le sorprendió lo fugaz que fueron esos momentos, lo marchitados que estaban, lo profundo que descansaban en él. Miró a lo lejos a aquella hoja, como si supiera claramente donde estaba. En el mismo sitio estaban esos recuerdos re-observados. A lo lejos, sin punto fijo, sólo un conjunto de marchitas sensaciones.
“La savia vieja muere para dejar a la nueva...” habló en voz baja para sí. Como la bocanada que un pulmón se toma para vivir, aquellos momentos respiraron suavemente para vaciarse antes de iluminarse.
“La savia vieja muere para dejar a la nueva...” volvió a decírselo a sí mismo, y esta vez también a la hoja, y a los recuerdos allí marchitados, depositados al lugar que los nutrió y que por fin, aquella tarde, descansaron.









miércoles, 23 de noviembre de 2011

Bob XVI: Blutendkavalier


Una herida sangrante. Sangre espesa y oscura. Se tocó el pecho con la mano y palpó la biscosidad de aquello que brotaba silenciosa y lentamente de lo más hondo de su pecho. Luego se miró la mano; rojo puro. Si alguna vez alguien imaginó que la sangre no era como agua roja, esta vez vería su “sueño” hecho realidad – algo espesa, quizá, al entremezclarse con la secreción de alguna glándula o parte seccionada que cualquiera sin conocimientos en medicina desconoce.
Le habían herido. Aquello le dolía como cuando su mano se quedó entre el interior y el exterior del coche... maldita puerta. Era aún peor. No podía gritar. El dolor le había devorado las fuerzas de gritar. Sin embargo no presentaba muestras de corte alguno, ni tampoco de una perforación de bala. Aquello se dividió entre parte y parte, y el vacío de una extraña fuerza se abrió camino entre sus entrañas.
Indagó en los últimos recuerdos antes de despertar, antes de estar consciente. Se asomó al borde de aquella balconada. No entendía nada de lo que estaba viendo. Vio cómo cómo iban a aquel teatro, salían, cena y copas, pero vio como ella se divertía, y ahora él no estaba ahí. Vio esa película a través de la balconada mientras la camisa empapada seguía sin poder contener los regueros que bajaban a las piernas tendidas, derrumbadas en el suelo. A penas podía alzar la cabeza ante la escena.
Entendió que esa herida no sangraba por un ataque o por una pelea la noche anterior, ni por un accidente desafortunado en un traspié con “don alcohol”. Entendió al fin que las heridas que sangran lenta, espesa, y oscuramente son las malditas heridas del corazón.
Arrancó la manga de la camisa empapada y se taponó la herida. La introdujo como pudo en aquel pequeño abismo palpitante, pensando en que una balsa húmeda era más compacta que una seca y absorbente. Menuda tontería... Al menos le sirvió para tranquilizarse un poco más. Se incorporó sujetándose fuertemente a la baranda de piedra y miró por última vez a aquel esperpento. Miró con la cabeza inclinada hacia abajo, mirada penetrante forzada, cejas arqueadas a la ira, y la rabia traducida en un puñetazo que salpicó de sangre la piedra, antes de volverse y salir de aquella noche roja y negra.

Dejó allí la marca rojiza de sus entrañas.
Despedida lacerada.
Carne trémula.
Lágrima desgastada. 

Red & Black
(por ..MisDan..)

viernes, 11 de noviembre de 2011

Bob XV: Rayo de Luna

Window in the Night
(por Willrad)
      "La Luz de la luna se cuela por mi ventana e ilumina mis piernas y... recuerdo cuando te enviaba, cada día antes de dormir, besos por la ventana. Creía que te llegaban, que los recibías... Quiero pensar que fue el viento quien los desviaba, en vez de que... en vez de comprobar que no valían la pena. En vez de que quizá los recibiste y te los quedaras para tí sin decírmelo, ni hacerme cualquier gesto que confirmara los míos. Prefiero todo eso antes que pensar en que los recibieras y no quisiste decir nada; que no tuvieras nada que decir.
      Hoy me duermo con una sonrisa tranquila, un corazón cansado y el alma algo desgastada, que no cree haber perdido el tiempo sino ganada más vida, a pesar de seguir yendo sola por este tortuoso camino. El camino de la vida."

martes, 1 de noviembre de 2011

Bob XIV: Introducción al Sueño Automático


Se puso ropa cómoda y se sentó mirando por la ventana. Noche cerrada con algo de resplandor que venía del paseo del río, junto al puente.
Cada segundo que pasaba era testigo de cómo se iban consumiendo gotitas de lucidez, de cansancio y de la vida que había estado llegando. Pensaba que ahora mismo ellos dormían. Que, aunque antes era habitual trasnochar, ya él era el único que lo hacía. Posiblemente era una forma de huir de la gente, de conseguir un tiempo solitario, propio, del que pocos eran testigos; de una búsqueda de identidad.

Miró el reloj y las 3.25 a.m. atestiguaban su ahora más acentuada solitud. Ahora, cada uno de su grupo cercano seguía con con su vida. Mañana uno madrugaría para proseguir con el estudio, otra lo haría tras dormir poco para encaminarse a la rutina del trabajo a pesar de ser día de fiesta y concentrarse en la interpretación el día completo. De la otra persona estaba muy alejado, pero podía adivinar con bastante precisión que llevaría un día bastante similar al de sus “camaradas”.
Tenía la sensación de que en realidad ellos no habían desviado el rumbo de a lo que parecía que se dirigían, pero las últimas sensaciones era de que él tenía que ajustar la trayectoria y volver a su carretera.

3.30 a.m., la hora de desconectar de todo el mundo y dedicárselo a sí mismo. Agotar su pocas fuerzas restantes con alguna distracción en el ordenador y caer rendido en la cama, para no dejar ni un sólo segundo para pensar lo más mínimo en el mundo, en la gente, en ellos, en ella. Todo lo que acaba lo hace para dejar paso a algo nuevo, o eso dicen. Él no veía futuro, ni se planteaba el presente y no quería ni mirar al pasado. Sólo se propuso una cosa: seguir un tiempo con el piloto automático...





miércoles, 9 de febrero de 2011

No mereces...

Llevo pensando en ello unos minutos. Pensando si publicar esta burrada léxica. Pero vayamos al grano:
Es lamentable que tras pedirme una mínima amistad, tras un período de respirar e inspirar durante 2 meses y no morir en el intento, te comportes como una especie de víctima.
Me contradije y me forcé contra mí mismo tras el daño que causaste -sin intención como me dijiste- a dirigirte la palabra, a ser al menos un amigo. Mi instinto me pedía lejanía para no ver si las cicatrices seguían crudas y la postilla aguantara... No obstante, reitero, me hice fuerte e intenté recuperar algún trozo del destrozo que causaste en mí para contigo.
Y la respuesta que he obtenido consiste en unos brazos extendidos en horizontal, alzados unos 90º respecto a tu cuerpo, palmas abiertas y firmes, apartando un mínimo gesto de cordialidad, de amabilidad, y de comprensión. La primera vez pensé que era normal, romper un hielo más duro que una roca tras una situación dolorosa por ambas partes -imagino (bastante)- no iba a ser fácil, pero más fácil si lo rompía yo, al que dañaste al fin y al cabo.
Pero al mes, se repitió. Un conversación forzada y seca y fría, sin detalles. Tengo conversaciones más nutridas con los desconocidos de la cola del supermercado...
Y se repitió una vez más, y quizá una última más. Por tu parte: nada.
Lo irónico de todo el asunto, es que me he llegado a sentir culpable de la situación, y me debería dar vergüenza sentirme así, pues ¿no es cierto que yo no he sido el causante de todo esto?

Quien pidió una amistad, al fin y al cabo, eres tú y lo vi muy razonable y lo necesitaba. Pues tras un largo período en que estuvimos conociéndonos, con vaivenes, enfriamientos de por medio y demás cosas que pasan y que ambos sabemos, no me gustaba entonces acabar con una persona mal, o tan distanciada. Veía las malas rupturas en varios de mis amigos y pensaba "no, esto no me va a pasar a mí". Qué ingenuo que fui. A penas intimamos y lo que parecía un cuento precioso se interrumpió. La tinta se derramó manchándolo todo, y con el paso del tiempo, tu extendiste la mancha con tu jarra de agua fría...

Encima de que trato de normalizar algo que pinta tenso, que ya no es que pinte tenso sino que no existe un mínimo lazo, que llevamos 4 meses sin dirigirnos palabra alguna, y teniendo yo la (buena) voluntad y la fuerza de intentar llevarnos mínimamente bien, veo que cada vez cierras más puertas, y que no tienes el más mínimo interés en ello...

Y espero que no asome por tu cabeza en el mas mínimo de los momentos que intento tener otra vez algo contigo, o cualquier otra historia que te ronde por la cabeza para retirarme tanto de ti. Las últimas raíces están ya podridas por tu culpa, porque tú quieres. Pero ya da igual, porque te da igual.
No lo entenderé nunca, y no creo que vaya volver a pensar en el tema.
Será una triste anécdota.

Hasta siempre.

... No mereces mi amistad.

domingo, 30 de enero de 2011

Azul oscuro casi negro

Preparó un lienzo nuevo. Las pinturas listas, óleos y en su mayoría acuarelas ligeras, que hacen que el pincel vaya solo, como flotando por ese tapiz azulado especial que quería inaugurar.

Era un tapiz único, original, sin una forma reconocible, ni arquetipos identificables, ni abstracciones imaginables; había que descubrirlo y dejar que las pinturas hicieran de él algo bellamente impensable. El pincel escogido era estilizado, elegante y a la vez sobrio, adecuado a sus manos habilidosas, creado especialmente para esa ocasión... pero lamentablemente no pudo siquiera rozar la paleta de pinturas...

Disimulando los dibujos que, resquebrajados, dejó bajo su piel, se marcha antes de que vuelva a aparecer... El polvo comienza a acumularse rápidamente ante el lienzo nuevo, intacto, pero que no tenía dos días, teñido ya de añil, acercándose hoy día casi al negro noche cerrada.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Dolor

Deboraos,
desgarraros,
esperaos,
abrazaros.

Huyó,
lloraste,
se equivocó,
lamentaste.

Desnudaros,
mojaros,
disfrutaros,
tocaros.

No miréis,
alrededor;
dolor causáis,
rojo y negro
el color.

Besaros,
lameros,
disfrutaros,
abrazaros.

Amaros,
cegaros,
os encerrásteis.

Desoyaros,
arrancaros,
me matásteis...


(Septiembre, 2010)

lunes, 1 de noviembre de 2010

Poesía rota del alma artística

Te empapas, sigue lloviendo. La ropa pesa más, van oscureciendo.
Como tierra seca, esponja vieja, succionas cada centímetro cúbico de transparencia.

Andas, sigues pisando, flotando, cada vez menos; te vas hundiendo.
Como ninja intrépido cuyas fuerzas flaquean, y la lentitud aumenta el peso de su cuerpo.

Nunca pensé que el pararse tanto haría tanto daño. Nunca, nadie, podría imaginárselo tan fielmente. Hace falta experimentarlo.
Poco a poco, como sin querer hacerlo, vas más lento, te mueves más pausadamente. Y todo ésto sin pensarlo, sin buscarlo. Miras hacia fuera, y ves cómo los demás siguen funcionando, y te sientes algo viejo, lento, torpe, pasado de moda...
Intentas volver a correr, pero... ¿hacia donde ahora toca? No sabes que pie mover, la coordinación te abandona. Parece que el seguir corriendo hace que no te hundas, que sigas a flote. Así, todo tu peso no se muestra sobre la superficie del estanque negro.

Intentas seguir, arrancar el motor, meter primera, soltar el embrague y al fin, acelerador.
Suena tentador, hasta alentador; pero de repente no hay más gas que gastar, ni motivos para andar.

Suenan los motivos a vacío maquillado. Cada palabra pesa menos, se van esfumando.
Como una marioneta, tan hipertérrita, lo mismo da si todo o nada, si mucho o poco, si algo...

Te sientas, mueves tus dedos, y las ondas están muertas, el deseo extinguido, la ilusión marchita.
Como el ordenador de a bordo, intentas el piloto automático, falso arte en mano, traductor en la vista.

El recuerdo no alimenta, y el futuro parece fantasía;
inspiración, ¡ciégame de esperanza!
pues la desidia avanza,
ni ayer, ni hoy, ni mañana son mis días.

martes, 28 de septiembre de 2010

Nube negra (de Joaquín R. Martínez Sabina)


Cuando busco el verano en un sueño vacío,
cuando te quema el frío si me coges la mano,
cuando la luz cansada tiene sombras de ayer,
cuando el amanecer es otra noche helada,
cuando juego mi muerte al verso que no escribo,
cuando sólo recibo noticias de la muerte,
cuando corta la espada de lo que ya no existe,
cuando deshojo el triste racimo de la nada.
Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.
Al otro lado de los apagones,
al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra.
Cuando siento piedad por sentir lo que siento,
cuando no sopla el viento en ninguna ciudad,
cuando ya no se ama ni lo que se celebra,
cuando la nube negra se acomoda en mi cama,
cuando despierto y voto por el miedo de hoy,
cuando soy lo que soy en un espejo roto,
cuando cierro la casa porque me siento herido,
cuando es tiempo perdido preguntarme qué pasa.
Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.
Al otro lado de los apagones,
al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra
(Joaquín R. Martínez Sabina)

martes, 21 de septiembre de 2010

Cógito / Comodín / Críptico

De una cuerda dividida,
A y B surgieron, 2 a partir de 1;
X rompió las fibras que los unían,
C compensó a esos 3 con un rombo oscuro.

Sin más remedio,
A distaba -como en este verso- de B.
Cuerda rota que buscaron otros cabos,
inconclusos, están los 4, estancados.

Como en un rombo,
X no estaba muy cerca de B
A de B sólo separados de papel;
C cual comodín, triste iluso.

Ni triángulo, ni círculo,
ni catetos ni hipotenusas;
ni tierra sin cielo,
ni mar sin luna.

A-briéndose y separándose
como los pétalos de una rosa marchita,
B mordió la manzana prohibida,
equivocóse girándose a una alejada X;
C, similar pero en el lado opuesto,
fué el colchón y reconforte a la soledad de A

Velo mojado,
por las tristezas de (h)A(da),
¿una Conclusión equívoca?,
un resquicio,
un títere ridiculizado.


Se restregó los ojos con las manos para aclararse la vista. 
Nada era distinto. Veía bien. Entonces vio cómo los cabos parecían ir encajando.
No era un sueño. No, en absoluto.

A y B antes eran una sola cuerda.
Ahora no había cuerda: eran A y B.
La cuerda se rompió porque otro punto X imantó fuertemente a B.

Aparece C.

A y C encajan, al menos son genéticamente compatibles,
pero B sigue imantando a A, y A siempre ha estado imantándose con B.

B no veía como seguía tirando de A, por naturaleza.
A y C se acercan pero A no esconde su imán a B.

Ni triángulo, ni círculo, ni catetos ni hipotenusas, ni tierra sin cielo.
C sigue siendo un clínex, una conclusión equívoca, una curva de vuelta… un comodín.

Ojalá sea tan solo una paranoia...



domingo, 19 de septiembre de 2010

Fragmentos del ahora (fragmento)


Recuerdos suyos, de un viaje con otra persona, antes de que su barca rozara la de él.
[…]
Una se va, y no se despide de él. 
[…]
Otra retoma su vida como si el pasado fuera un sueño, y otro atónito se queda perplejo.
[…]
Un grupo de 10 que son 5 dobles. 11 es doble soledad. Él es el  más uno de la decena.
[…]
Viernes, y sábado. Sin plan, sin gente, con… soledad. Solo.
[…]
En una ciudad marchita, maquillada como una geisha, él desea encontrarse con ella.
[…]


¿Y ahora qué?

Soledad, reflexión y… ¿qué más? ¿algo más?
¿no es ya suficiente burla la que haces de él?,
tanto que se esfuerza y nada a cambio…
¿tu propósito es joderle?

La profesión no es la vida, ni la vida es profesión.

Si te queda algún as en la manga, sácalo ya, por favor,
remata la faena, estoque en mano, directamente al cuello.

Gracias. Una vez más (y las que quedan…) Gracias.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Dead Man Picture (por Enric Montefusco)

¿Para qué estás buscando? ¿Qué encontrarás?
¿A qué estás esperando? ¿Llegará?

¿Para qué estabas buscando? ¿Qué encontraste?
¿A qué estabas esperando? ¿Llegó?

¿Tuviste una oportunidad? ¿Lo conseguiste?
¿Encontraste la manera de no perder nunca el control?
¿Dónde está la felicidad? ¿La sentiste?
¿Alguien pelea contra este muro?
O es el secreto nunca pensar en ello
y si lo tengo, nunca lo sabré.

Texto de Enric Montefusco
Traducción: Kalle Eremit

viernes, 10 de septiembre de 2010

Valerie (por Alan Moore)

(Evey encuentra un pequeño agujero en la pared izquierda de su celda tras oír un ruido. Como si alguien colocara algo ahí, una bolsa arrugada. Ella recoge una pequeña bolsa de plástico con algo enrollado en su interior)

Sé que no hay forma de convencerte de que éste no es otro de sus trucos. Yo soy Yo.

Me llamo Valerie. No creo que viva mucho más y quería contarle a alguien mi vida. Esta es la única autobiografía que voy a escribir y, dios, la estoy escribiendo en papel higiénico.

Nací en Nottingham en 1985. No recuerdo mucho mi infancia, pero sí recuerdo la lluvia. Mi abuela tenía una granja en Tottle Brook, y solía decirme que Dios estaba en la lluvia.
Al acabar mi colegio ingresé en un instituto para chicas. Fue allí donde conocí a mi primera novia. Se llamaba Sarah. Recuerdo sus muñecas. Eran preciosas. Creía que nos amaríamos eternamente. Recuerdo que nuestro profesor nos decía que era una fase adolescente que pasaría. A Sarah se le pasó. A mí no…

En 2002 me enamoré de una chica que se llamaba Christina. Aquel año se lo dije a mis padres. Fui capaz porque Christina estuvo a mi lado cogiéndome la mano. Mi padre no podía mirarme. Me dijo que me fuera y que no volviera jamás. Mi madre no dijo nada. Sólo les había dicho la verdad, ¿tan egoísta fui? Nuestra Integridad vale tan poco, pero es todo cuanto realmente tenemos. Es el último centímetro que nos queda de nosotros mismos. Pero si guardamos ese centímetro somos libres…

Siempre supe lo que quería hacer con mi vida y en 2015 produje mi primera película, ‘Las Salinas’. Fue el papel más importante de mi vida, no al nivel profesional sino a nivel personal porque conocí a Ruth. La primera vez que nos besamos sentí que no quería besar otros labios que no fueran los suyos.
Fuimos a vivir juntas a un apartamento en Londres. Sembró Violet Carsons para mí en los maceteros de la ventana y toda la casa olía a rosas. Fueron los mejores años de mi vida.
Pero la guerra norteamericana se recrudecía cada vez más hasta que finalmente alcanzó Londres. Después de eso no hubo más rosas. Para nadie…

Recuerdo cómo empezó a cambiar el significado de las palabras. Palabras con las que no estábamos familiarizados como ‘colateral’ y ‘entrega’ empezaron a dar miedo. Mientras como ‘fuego nórdico’ y ‘Artículos de Lealtad’ empezaron a cobrar poder. Recuerdo que ‘diferente’ pasó a significar ‘peligroso’. Aún no lo entiendo. ¿Por qué nos odian tanto?

Detuvieron a Ruth mientras hacía la compra. Nunca en mi vida he llorado tanto. No tardaron en venir a por mí.

Es extraño que tenga que pasar el final de mi vida en un lugar tan horrible [una celda aislada]. Pero durante tres años recibí rosas y no tuve que arrodillarme ante nadie. Moriré aquí. Cada centímetro de mí perecerá. Cada centímetro… salvo uno. Un centímetro. Algo pequeño y frágil, y lo único que merece la pena conservar en el mundo. Nunca debemos perderlo o entregarlo. Nunca debemos dejar que nos lo arrebaten.
Espero seas quien seas que escapes de este lugar. Espero que el mundo cambie y que las cosas mejoren. Pero lo que espero por encima de todo es que entiendas lo que quiero decir cuando te digo que, aunque no te conozca, y aunque puede que nunca llegue a verte, a reírme contigo, a llorar contigo, o a besarte, te quiero. Con todo mi corazón. Te quiero.


Valerie. 






"Los artistas mienten para contarte la verdad
mientras que los políticos mienten para ocultarla".



(fragmento de la novela gráfica "V", historia por Alan Moore,
guión de la película de los Andy y Larry Wachowski)




viernes, 20 de agosto de 2010

Hell's Pudding

A mi amigo "Tom",
cuyo nombre real no tiene ninguna de esas letras,
pero cuyo corazón las tiene todas, y repetidas...


Apuré de un sorbo paciente el final de mi copa, como si con ese último trago se fueran por el retrete todos mis problemas. Tiras de la cadena (alzas la copa), abres la boca y dejas que ese charco se pierda por tu garganta...

Era jueves, un jueves como cualquier otro. La noche acoge a parejas románticas paseando por la calle, los chulos con sus descapotables, y al fondo un poco del ajetreo se deja colar entre las cortinas que unos fornidos porteros sujetan para que no se vea el show ardientemente privado en el local.

-Nick, apúntamelo en la cuenta, ¿quieres?
-Por supuesto, señor Road.

Abandono el pub con mi chaqueta y sombrero puestos. Saco un pitillo del paquete arrugado, seguramente estrujado por la maldita novata del guardarropas… al menos es guapa. Comienzo a andar cruzando la plaza, rezando por no encontrarme esta noche con nadie. Esta noche no, por Dios, estoy hecho una mierda. Paso por una cafetería nueva, donde ponen unos helados de infarto. Tienen una especialidad que le llaman el “Hell’s Pudding”, y está de muerte. Te flamean un plátano partido en dos mitades (a lo largo, no en secciones). La parte plana hacia abajo. Encima colocan un bizcocho de crema y café. Le rodean dos bolas de vainilla y caramelo, y en la cúspide del bizcocho –cuadrado, por cierto- una bola de mascarpone, nata y un barquillo de galleta. Todo rociado con cacao amargo en polvo. ¿El toque del chef? Lo rocían con coñac frío. Es la mezcla más explosiva y buena que he comido nunca. 
Cuando terminé esa obra de arte, retomé mi camino de vuelta a casa.

-¡Tom! – Se oyó a lo lejos. Las formas en la oscuridad adivinaban una grata sorpresa. Pero no lo fue…
-¿Qué hay, Sarah?-le contesté. Llevaba un tremendo vestido rosa fucsia con piececitas brillantes. No, no eran lentejuelas. Todo el pelo recogido en una coleta perfectamente hecha, que dejaba sus grandes y preciosos ojos al descubierto. Ay, Sarah… Llámenme fetichista, pero lo que la hacía esa noche perfecta eran sus pendientes. De cada oreja le colgaban dos tiras finas de plata. Tan simples pero tan arrebatadoramente hermosos… a mí me dio igual. Ya me daba igual.
-Mmm… hace tiempo que no sé de ti nada –Me dijo. No respondí–.
Pasaron 5 segundos mirándonos a los ojos. Aparté la mirada. Ella prosiguió:
- ¿Oye, te pasa algo conmigo Tom? Noto como si me hubieras estado evitando estos días –qué curioso, la muy zorra se hacía la víctima. Nunca marcó mi teléfono. Bueno… una vez sólo. Y ahora que no la llamo viene con esas.
- No, no me pasa nada, hombre.
- Leí tu folletín, el que publicas en el periódico, y la verdad… no entiendo por qué cambiaste tan radicalmente la historia. ¿Era por mí, verdad?
- No, tranquila. Un amigo me pidió que diera un vuelco a la escena.
- ¿En serio?
- Te lo estoy diciendo en serio, sí… –le dije a la vez que aparté mi mirada. No puedo mentir tan fácilmente. Ya me descubriste, sí, tú, el lector.
- Tom, me gustaría tomarme un café-
- Es tarde Sarah… -le corté.
- Otro día, me refiero.
- Sí, sí… - Me quedé mirándola fijamente, un par de segundos. Tenía un tren a punto de descarrilar dentro de mi cuerpo, todo iba acelerado. El pecho iba a reventarme, pero mi mente funcionaba mejor aún (je je je, risa de avispado). Aparté aún más la mirada, aunque no quise. Aún sentía más vergüenza al ver cómo ella me miraba sin esconder ninguna idea tras su rostro, y yo haber jugado la carta del jinete utilizado. Vuelve a tu casa, ya has terminado aquí forastero, el resto, déjanoslo a nosotros. A mí nadie me dice lo que tengo que hacer. Esa idea es absurda, así que volví en sí. Volví a mirarla.
- ¿Recuerdas? Hoy es mi cumpleaños –Me importó, ni más ni menos, exactamente (y sin error), una mierda. ¿Qué hice? Una mueca. La del bandido con la cara rancia y que estira un extremo de su boca. Risa forzada. No era un chuloputas. Estaba siendo sincero, ¿no lo ves? No sé si a estas alturas os queda alguna duda de si soy tímido o no. Como no te oigo (aunque sigas gritando no te oigo –te lo digo con un tono burlón–), también me trae sin cuidado.
- Mi familia abre un nuevo salón de baile en Becker Street, cogiendo por esa calle la segunda a la izquierda –me dijo, señalándome con la mano–.
- Gracias por invitarme –dije sobradamente, pues no lo había hecho. Lo sobrentendí.
- No me las des, el placer es mío, como siempre –ya estaba de nuevo a la carga, peloteando.
Nos miramos otros 5 segundos a la cara. Sus ojos miraban a los míos, cambiando del izquierdo al derecho, con una sonrisa trasparente. Se acercó para darme dos besos y marcharse. Cuando iba a darme el segundo –muy lento fue el primero, qué le gusta que mi caldera hierba– me cogió del brazo y me susurró al oído:
- Tenemos que vernos. Quiero verte…
Y se marchó. Ahí, con esa sensualidad que pondría a relinchar a una cuadra entera, estaba yo más frío que el hielo, y agriado ante tal cinismo. Y lo peor de todo, es que pensaba que me tenía en el bote. Sí, me tuvo. Ahora… Tom Road estaba lúcido. Seguramente gracias al bourbon seguido de aquel Pudding del Infierno que me tomé apenas 15 minutos antes.


-Tenemos que vernos. Quiero verte… -le dije mientras le agarraba del brazo. Quería sentirle en mí, pero había mandado todo al garete. No sé cómo pude ser tan estúpida. Aquel intento de acercarme al camarero del “Loneliness’s Concubines” (no recuerdo cómo llegué a ese local, sé que estaba con unas amigas ¿en un local de tíos?... vaya ciego llevaba) fue una estupidez. Primero porque no me llevé nada a la boca (la metáfora va de comida, vaya… tampoco he arreglado el símil, arggg), y luego porque estoy perdiendo a Tom, si no lo he perdido ya.
Volví sobre mis pasos. Saludé a los Waitling que estaban sentados en la terracita del McRadnor’s.  
Mi calle estaba solitaria, pero el olor de Tom no se me iba de la mano. Hoy no llevaba guantes, y eso debería ser positivo, pero no sé cómo demonios seguía con su olor.  Me quité el vestido. Me metí en la ducha y… No esperarás a que te cuente qué hice ¿verdad? Sólo te diré que le susurré al azulejo que tenía a mi izquierda: “Ohh, Tom, Uhmmm”. ¿Te quedas contento? Maldito diario compartido…







Entrada destacada

Suelo / Duelo

Es algo de lo que no quiero escribir. No yo, creo que nadie querría tener que escribir, porque te lleva a revivir los recuerdos. Hacer una c...

Entradas más populares