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viernes, 24 de octubre de 2025

La anestesia

Rutinas colectivas, tu escritorio, tu puesto de trabajo por inercia. El miedo a virar por no conocer qué hay en la carretera. ¿Te has planteado salirte del camino y, aunque andes en paralelo a la carretera, observarla con distancia? Y un día, y otro, y miras el calendario, y es jueves, y ya mismo viernes (si no hay juernes), y el viernes anestesia. Sí, amortiguas tu interior, y don N sale o Horacio González Opiáceo, o cualquier otro familiar que te visita hoy sábado, y mañana igual. que tal vas? / bien / ah que bien / sí ti@, ya sabes, el curro de siempre, no se hace muy pesado / y nada, con los colegas y tal, buenas risas y cervezas / de p madre / y tú? / pues igual, aguantando al jefe (a) pero estoy que me salgo de la pelleja / sí? / conseguí entregar eso y me sobró tiempo, así que hoy jarra de cerveza… / y con el/la pibe/a ese/a? / pues… / pues…??? / bien, con sus cosas / ya, pero? / ti@, van dos años, es una recaída / cuántas van? nueve? / y las que quedan… / (el/la otr@ piensa en si eso tiene sentido… huele que ese camino tiene poca salida) es verdad (y niega salirse, y sigue perteneciendo por miedo a no pertenecer a nada). La anestesia de un mínimo tiempo de ser protagonista, un tuerto en mundo de ciegos, unos ciegos que ven más de lo que piensan pero que no se atreven —o no saben— dar el paso, y luego otro… y otro… en tierra desconocida, pero es tierra, no el espacio inconmensurable. Así que… anestesia.

— En el reverso de la tormenta, octubre 2025.

jueves, 24 de julio de 2025

El adiós

 

Un adiós
que no suena.
Un atardecer
que abandona tu azotea
(pero acompaña a la ciudad).

Unas calles que se apagan,
otras que se encienden
aunque
no las vea (no las conozco)
todavía.

El rebujo
de dos boomerangs sin vuelta.
Una interrogación sin respuesta.
Otra pregunta
sin cierre sonoro.
Un silencio
que afirma
el adiós.

Corazón trémulo,
líquenes de pasión;
aturdimiento deshonesto.
Último encanto fátuo,
desviste mis defensas,
inventa castillos de arena...
anuncia la evasión.

Y las volutas
de una vela apagada
surcan la penumbra
donde se agotan
la bondad y la templanza,
engañadas,
a corazón abierto.

Confianza embaucada,
lienzo manoseado,
alianza cortada,
ungido el corazón,
dispuesto en jarras,
imbuido de amor,
aparentar honestidad.

Profana ignorancia,
voluntad de cristal;
silencio impropio
de un ángel
caído.

Otra vez
la pregunta
sin cierre sonoro.
Y el silencio
que afirma
el adiós.




sábado, 24 de mayo de 2025

Bob XVII: El regreso

Una noche oscura. La poca luz de las farolas se escurren tren los flecos de ramas mustias pero frondosas de los árboles de ciudad, evitando cualquier paso en falso. 

No llueve, pero dentro de él es como si lo fuera. Un extraño en Moscú se llamaba esa canción. Es una canción que representa muy bien la soledad, pensó. La canción tiene es una espiral, y el estribillo acaba en una interrogación, y vuelta a empezar. ¿Cómo te sientes cuando estás solo, y sientes frío por dentro?. Y la canción no contesta, vuelve con otra estrofa... 

La soledad de la gran ciudad... Bob había vuelto a estar divagando sobre el asfalto, bajo el humo invisible.

Volver a comenzar, reconstruirse... Reconstruirse. Buscó esa palabra en la plataforma de música, como el que busca en un oráculo una respuesta que le arroje luz, o calma, o dirección... a donde dar el primer paso y ya el resto los seguiría donde por sí mismo. Y salió este poema en forma de canción: 


1, 2, 3, 4, 5, 6 son los segundos que me tomo para reconocer que es un nuevo día.
Las posibilidades pueden ser tan infinitas como un lienzo en blanco;
puede llenarse de ideas, formas y colores
que definen el sabor de este momento que persigo en la vida
en el que puedo soltarlo todo.
Tan en el aire, ciego.
Y volver a comenzar.

Quisiera poder inventar una manera fácil de reconocer si los que entretejen mi razón
que a veces cubren a mi corazón de la verdad que quiero expresarle hoy,
cerrar los ojos para respirar muy hondo y enfocar estas palabras    
que salen de lo más profundo que yo soy. 
Que me hacen sentir ligero,
respiro en cada momento. 
Y volver a comenzar, y volver a comenzar...

Y siempre digas que pensaré, que no existe un color o ligereza en el aire.
La vida fluye como el mar, las olas suben y bajarán, y hay que dejar que suceda. 
Y volver a comenzar, y volver a comenzar...
Y volver a comenzar, y volver a comenzar...


martes, 1 de noviembre de 2011

Bob XIV: Introducción al Sueño Automático


Se puso ropa cómoda y se sentó mirando por la ventana. Noche cerrada con algo de resplandor que venía del paseo del río, junto al puente.
Cada segundo que pasaba era testigo de cómo se iban consumiendo gotitas de lucidez, de cansancio y de la vida que había estado llegando. Pensaba que ahora mismo ellos dormían. Que, aunque antes era habitual trasnochar, ya él era el único que lo hacía. Posiblemente era una forma de huir de la gente, de conseguir un tiempo solitario, propio, del que pocos eran testigos; de una búsqueda de identidad.

Miró el reloj y las 3.25 a.m. atestiguaban su ahora más acentuada solitud. Ahora, cada uno de su grupo cercano seguía con con su vida. Mañana uno madrugaría para proseguir con el estudio, otra lo haría tras dormir poco para encaminarse a la rutina del trabajo a pesar de ser día de fiesta y concentrarse en la interpretación el día completo. De la otra persona estaba muy alejado, pero podía adivinar con bastante precisión que llevaría un día bastante similar al de sus “camaradas”.
Tenía la sensación de que en realidad ellos no habían desviado el rumbo de a lo que parecía que se dirigían, pero las últimas sensaciones era de que él tenía que ajustar la trayectoria y volver a su carretera.

3.30 a.m., la hora de desconectar de todo el mundo y dedicárselo a sí mismo. Agotar su pocas fuerzas restantes con alguna distracción en el ordenador y caer rendido en la cama, para no dejar ni un sólo segundo para pensar lo más mínimo en el mundo, en la gente, en ellos, en ella. Todo lo que acaba lo hace para dejar paso a algo nuevo, o eso dicen. Él no veía futuro, ni se planteaba el presente y no quería ni mirar al pasado. Sólo se propuso una cosa: seguir un tiempo con el piloto automático...





domingo, 20 de septiembre de 2009

Leí en otro blog hace unos minutos que los días soleados se reflejan en la cabeza: piensas con más lucidez, las ideas las ves con más claridad y te despejas. Hoy es domingo 20 de septiembre y decidí tras leer esos párrafos y pensar sobre mi futuro próximo.


Pienso en este verano que, como los ingleses llaman plain (plano), ha sido monótono, pero me ha llevado a nuevas conclusiones que a veces me inquietan como si no fueran conmigo. Tras este año (hablo de septiembre a septiembre) la verdad es que quiero que todo sea nuevo, que todo me sorprenda. Claro que eso es un decir. Un poco de todo, termino medio, etc…


Como una ventana que refleja otra parte de un edificio que no conoces, así veo yo este septiembre. La ventana de un futuro, aunque algo impreciso… pero que en cierta manera me atrae y me pone nervioso con esas típicas mariposillas en el estómago. No tengo ni idea si para bien o para mal, pero la necesidad de vivir, de cambiar de rumbo, de dejar en la habitación aquello que no debo de llevar en la mochila de viaje es constante. La necesidad de actuar y no de esperar –salvo cuando sea necesario aguardar.


De fondo escucho “The Nest” de José González y aunque no venga muy a cuento la letra, la música me provoca una sensación de calidez y apaciguamiento, a la vez que me impulsa a llorar de felicidad por todo lo que se cruce. Le sigue “Fold” y es mas nostálgico. Me acuerdo de aquellas personas de la infancia que ya por diversas razones viven solo en el recuerdo, y también a aquellas que están lejos dando nuevos pasos y descubriéndose a sí mismas. Mi oportunidad, creo, va a llegar este año y sin salir de la ciudad. No es lo mismo que estar en una ciudad frente a un mundo que se presenta nuevo, pero cada vez hay menos gente aquí, y más nueva por conocer; estoy en cierta manera mas solo conmigo mismo.


Please don't let me down this time.
I've come a long way to just fold back into line.

Keep both feet on the ground
while I change the wings.

I promise one day I'll be coming around
from my cloud to see what it's all about.


(Por favor, no me dejes abajo esta vez.
He recorrido un largo camino sólo para volver al principio.

Mantén ambos pies en la tierra
mientras cambio las alas.

Te prometo que un día estaré cerca
desde mi nube para ver de qué va todo esto.)

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