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viernes, 24 de octubre de 2025

La anestesia

Rutinas colectivas, tu escritorio, tu puesto de trabajo por inercia. El miedo a virar por no conocer qué hay en la carretera. ¿Te has planteado salirte del camino y, aunque andes en paralelo a la carretera, observarla con distancia? Y un día, y otro, y miras el calendario, y es jueves, y ya mismo viernes (si no hay juernes), y el viernes anestesia. Sí, amortiguas tu interior, y don N sale o Horacio González Opiáceo, o cualquier otro familiar que te visita hoy sábado, y mañana igual. que tal vas? / bien / ah que bien / sí ti@, ya sabes, el curro de siempre, no se hace muy pesado / y nada, con los colegas y tal, buenas risas y cervezas / de p madre / y tú? / pues igual, aguantando al jefe (a) pero estoy que me salgo de la pelleja / sí? / conseguí entregar eso y me sobró tiempo, así que hoy jarra de cerveza… / y con el/la pibe/a ese/a? / pues… / pues…??? / bien, con sus cosas / ya, pero? / ti@, van dos años, es una recaída / cuántas van? nueve? / y las que quedan… / (el/la otr@ piensa en si eso tiene sentido… huele que ese camino tiene poca salida) es verdad (y niega salirse, y sigue perteneciendo por miedo a no pertenecer a nada). La anestesia de un mínimo tiempo de ser protagonista, un tuerto en mundo de ciegos, unos ciegos que ven más de lo que piensan pero que no se atreven —o no saben— dar el paso, y luego otro… y otro… en tierra desconocida, pero es tierra, no el espacio inconmensurable. Así que… anestesia.

— En el reverso de la tormenta, octubre 2025.

sábado, 14 de junio de 2025

Lluvia

La Lluvia arrecía tan fuerte que sólo dejaba ver escasos metros más adelante. 

Turbias eran las siluetas que de vez en cuando, cuando el concierto flaqueaba, aparecían en los mínimos trasquilones de esa cascada grisácea transformada en ríos sobre el asfalto. Esos ríos conectaban con el fondo de la postal, como al otro lado de un escaparate de esas vidas que son y en las que no está

Volvió a mirar los ríos, y de nuevo la cortina cortó esa conexión. 

Ruido gris. 

– Una amiga del tiempo –pensó en alto–; solo deja ver el aquí y lo poco que hay cerca, dejando lo lejano y lo de más allá en tiempo y forma, allí y entonces, tras la cortina del diluvio que riega el futuro... en tiempo y forma.

Lágrimas del cielo que lloran por lo que fue antes,
lo que es aquí
y lo que será allí... ¿mañana?...

Sea lo que sea,
cuando sea,
donde sea...

...será.




martes, 1 de noviembre de 2011

Bob XIV: Introducción al Sueño Automático


Se puso ropa cómoda y se sentó mirando por la ventana. Noche cerrada con algo de resplandor que venía del paseo del río, junto al puente.
Cada segundo que pasaba era testigo de cómo se iban consumiendo gotitas de lucidez, de cansancio y de la vida que había estado llegando. Pensaba que ahora mismo ellos dormían. Que, aunque antes era habitual trasnochar, ya él era el único que lo hacía. Posiblemente era una forma de huir de la gente, de conseguir un tiempo solitario, propio, del que pocos eran testigos; de una búsqueda de identidad.

Miró el reloj y las 3.25 a.m. atestiguaban su ahora más acentuada solitud. Ahora, cada uno de su grupo cercano seguía con con su vida. Mañana uno madrugaría para proseguir con el estudio, otra lo haría tras dormir poco para encaminarse a la rutina del trabajo a pesar de ser día de fiesta y concentrarse en la interpretación el día completo. De la otra persona estaba muy alejado, pero podía adivinar con bastante precisión que llevaría un día bastante similar al de sus “camaradas”.
Tenía la sensación de que en realidad ellos no habían desviado el rumbo de a lo que parecía que se dirigían, pero las últimas sensaciones era de que él tenía que ajustar la trayectoria y volver a su carretera.

3.30 a.m., la hora de desconectar de todo el mundo y dedicárselo a sí mismo. Agotar su pocas fuerzas restantes con alguna distracción en el ordenador y caer rendido en la cama, para no dejar ni un sólo segundo para pensar lo más mínimo en el mundo, en la gente, en ellos, en ella. Todo lo que acaba lo hace para dejar paso a algo nuevo, o eso dicen. Él no veía futuro, ni se planteaba el presente y no quería ni mirar al pasado. Sólo se propuso una cosa: seguir un tiempo con el piloto automático...





Vueltas y más vueltas




Vueltas y más vueltas,
a lo que creíste
pero no existe.
Vueltas y más vueltas,
en lo que pensaste
y sólo soñaste.
Vueltas y más vueltas,
al blanco deseo
emociones y 'enreos',
Vueltas y más vueltas,
estancamiento
corazón de cemento.
Vueltas y más vueltas,
al dulce vacío de la nada,
a la espuma de nata bajo un navío.
Vueltas y más vueltas,
y… fin de los giros,
lamentos, si miro.
Vueltas y más vueltas,
al fin de la historia,
broche en la memoria.



jueves, 19 de mayo de 2011

Las sedas de la Luna

Clouds_4417 (maul67)


Ves la luna... hoy estaba preciosa, ¿verdad?. 


En el oscuro manto de tul,
esos algodones dulces, húmedos,
son vaporosos y vulnerables
a el resplandor, la perla manchada,
solitaria.


Y me emociono,
y recuerdo y pienso...

"Ok. Si nada es nada, nada vamos a perder. Y al mirar atrás todo será un sueño..."


Sigo caminando y veo a Alguien, solitario -como yo- volver a su casa. No lo sigo, pero comparte parte del viaje de vuelta. Es de noche y el vacío sonoro urbano de algunos árboles chocando con alguna farola tímida son el único acompañante de las silenciosas nubes que como la seda pasan velando la luna.


Y me conmuevo,
y recuerdo de nuevo...

"Ok. Si no soy nadie, no habrá que interpretar, jamás. Y al mirar atrás todo será un sueño..."


Alguien va vestido de una manera ajena a la que pienso. ¿Realmente la ropa te define, según piensas te vistes? Es confuso, complejo y a la vez una tontería. ¿Por qué no vestirse así si no piensas como alguien que viste así y viceversa? 
Aquí es un mundo;
para el mundo no es nada.
Pero adivino que es feliz. Que, a pesar de los acertijos de la vida, le va bien... Es estúpido, ¿verdad? Pensar que alguien es feliz sin conocerlo, sin saber si ese es un disfraz o un hábito.

"Venir aquí, que aquí se está bien. Venir aquí que aquí se está bien..." 


 Continúas la búsqueda de la que nunca te abandona por la noche: La luna. Se calla, no habla, no discute, no lucha. Observa y a saber si entre sus manchas oculta lo que piensa de ti. 

"Y quizá habrá que buscar en otro lugar. En otro lugar..."


Al final resulta que vive en el bloque de al lado. Alguien es vecino tuyo y está tan cerca... Y miras adelante a alguien, y no sabes si está delante, detrás o a tu lado, y todo es un sueño, una fantasía real por dentro, falsa en la mañana. 
Quieres ponerte una máscara, un disfraz una noche que grite "estoy vivo como tú"; para sentir la tranquilidad del reloj de la rutina, la etiqueta en un grupo de amigos, el piloto automático de las relaciones estereotipadas, la vida sencilla...


Hoy ves que la nostalgia me ha hecho una caricia en forma de brisa fría. 
Y diría que son las nubes que besan la luna las que me hablan en silencio.
Las que me susurran al oído que está bien.
Las que, como ovejas negras del cúmulo de algodones dulces, sonríen entre su espesura.
Las que confirman sin palabras que vas bien, 
tus pasos no son en vano, ni nada es nada. 


Al mirar atrás, te darás cuenta de que no ha sido un sueño,
el sueño ocurre si niegas el atrás. 
¿Cómo saber si avanzas si no ves de donde partes?


La luna es la única que no te abandona,
y entre la sonrisa de las nubes de seda que la besan
ellas esconden el nombre de tu destino...




(citas entrecomilladas propiedad de Enric Montefustco/Standstill "El Resplandor" y "La hora del acuario")

lunes, 1 de noviembre de 2010

Poesía rota del alma artística

Te empapas, sigue lloviendo. La ropa pesa más, van oscureciendo.
Como tierra seca, esponja vieja, succionas cada centímetro cúbico de transparencia.

Andas, sigues pisando, flotando, cada vez menos; te vas hundiendo.
Como ninja intrépido cuyas fuerzas flaquean, y la lentitud aumenta el peso de su cuerpo.

Nunca pensé que el pararse tanto haría tanto daño. Nunca, nadie, podría imaginárselo tan fielmente. Hace falta experimentarlo.
Poco a poco, como sin querer hacerlo, vas más lento, te mueves más pausadamente. Y todo ésto sin pensarlo, sin buscarlo. Miras hacia fuera, y ves cómo los demás siguen funcionando, y te sientes algo viejo, lento, torpe, pasado de moda...
Intentas volver a correr, pero... ¿hacia donde ahora toca? No sabes que pie mover, la coordinación te abandona. Parece que el seguir corriendo hace que no te hundas, que sigas a flote. Así, todo tu peso no se muestra sobre la superficie del estanque negro.

Intentas seguir, arrancar el motor, meter primera, soltar el embrague y al fin, acelerador.
Suena tentador, hasta alentador; pero de repente no hay más gas que gastar, ni motivos para andar.

Suenan los motivos a vacío maquillado. Cada palabra pesa menos, se van esfumando.
Como una marioneta, tan hipertérrita, lo mismo da si todo o nada, si mucho o poco, si algo...

Te sientas, mueves tus dedos, y las ondas están muertas, el deseo extinguido, la ilusión marchita.
Como el ordenador de a bordo, intentas el piloto automático, falso arte en mano, traductor en la vista.

El recuerdo no alimenta, y el futuro parece fantasía;
inspiración, ¡ciégame de esperanza!
pues la desidia avanza,
ni ayer, ni hoy, ni mañana son mis días.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pararse para seguir andando


Y ahí llegué, a aquella plaza, a aquellas calles.

Las recorro, poco a poco, como si fuera todo a cámara lenta y yo intentara sincronizarme con el entorno. Mucha gente diferente. Cada uno con su historia, con su dirección, con su misión, con su vida.
Los observo como el que mira cuadros en movimiento, Van Goghs que cobran vida en un ambiente tamizado. Miro a una señora de pelo rizado, setenta y pico años, que cada día lleva su carrito con golosinas, pipas y caramelos y se instala en la plaza central. Cuando todos llegan ella está allí; cuando todos se han ido es entonces su hora de partir. Y ella tiene setenta y pico años, con unas arrugas que acusan un viaje de más de las cuatro veintenas, y una dureza de caminar contra tempestades mucho tiempo, demasiado tiempo.
Otro hombre, que parece joven pero en realidad está en los cuarenta y tantos, lleva en bicicleta a su hija. Seguramente a una guardería próxima. Es un “pijo disimulado”. Se ve que tiene dinero, pero tiene estilo hasta para montar en bici con un traje informal, dejar a su hija que lleva en el trasportín trasero y proseguir su camino a donde quiera que trabaje – un día descubrí accidentalmente que trabajaba en otro barrio de la ciudad, me lo crucé saliendo del metro.
Guaperas total, pero con estilo, nada de ostentaciones.
Sigo viendo a aquellos ancianos que unos días sonríen, otros tantos observan haciendo su crónica íntima de la gente nueva que pasa y aquella que tras muchos días reaparecen por la acera. Había uno con pinta de bonachón, sonriente, de esos que bajo su gorra de vestir le asoman cabellos airados de color blanco puro, y unas gafas de lector avezado, y esa ligera barba conjuntada con su cabellera. Sonreía al mundo aunque éste quizá no le sonreía. Yo lo miraba y lo observaba cuando pasaba cerca. Me sacaba una sonrisa al ver alguien que era claramente –o engañosamente– feliz. A la vez, un día, no sé por qué, me dio como pena, y me brotaron bajo esa sonrisa que tenía yo unas lágrimas. “Alguien que no lo merece y que pronto se irá en la barca…” pensé.

Ahora he vuelto a andar, a observar las personas. Es algo que me encantaba, y ahora, creo que ha sido el momento de retomarlo. Me dispongo a andar, a mezclarme entre la gente, hasta llegar a la plaza antes de seguir por las callejuelas. Y, como si tuviera poderes, reduzco el tiempo, lo estiro como si un niño travieso, con el calor de sus dedos estirase onzas blandas de chocolate.
Ya veía a todos lentos. El paisaje “humano” ha cambiado en el tiempo (valga la redundancia tempo-textual). Pero ahora soy yo el que no tengo dirección, al que a pesar de haber viento y veletas no soy conducido a ninguna parte visible o divisable.
Sin rumbo claro, sin propósito definido, sin misión establecida…

A esa persona que está perdida, varada, truncada. Le toca pararse; por encima de todo, verse a sí mismo, replantearse qué tiene, qué no tiene, que quiere de sí para sí, qué aprender, qué corregir, qué hacer… todo paso a paso, lento a ojos jóvenes que ven de un segundo una vida, que estiran cada segundo, y que a ojos de aquel anciano, aquel que emociona con su mirada tierna, que ve una revolución, desde sus horas, a las de cualquiera.

lunes, 6 de septiembre de 2010

No necesitaremos piernas para mantenernos.

A pesar de que todo esté desecho, de que no veas el sol aunque estés fuera,
aunque la nube negra te espera, a cada rincón de un muro o en un trecho,
no desesperes, aguanta, espera; persiste, no hagas caso a tu ceguera;
levántate como si el mundo no estuviera muerto; servirá todo lo que has hecho.



Sufjan Stevens - We won't need legs to Stand

So faithful, so few,                   Tan fiel, tan pocos,
so pardon, and done.                tanto perdón, y se acabó.
And when we receive,               Y cuando recibimos,
we give a change at last.          damos un cambio al final.

When we are dead,                  Cuando estamos muertos,
we all have wings.                    todos tenemos alas.
We won't need legs to stand.    No necesitaremos piernas para mantenernos.
When we receive,                    Cuando recibimos,
to see chage at last.                 para ver cambio al final.


viernes, 27 de agosto de 2010

Mm-Miedo

Me mantengo a base de cafeína. Mucha cafeína. Como en los sueños, todo parece más largo y sin embargo es poco tiempo. Cada vez más cortos, cada vez durmiendo menos. Por eso, la cafeína me mantiene despierto.

Antes durmiendo 6 horas me sentía viejo. No llevaba las riendas de mi vida, me dejé llevar por la inercia. Ahora estoy durmiendo apenas 5 horas y es poco, lo sé, pero estoy más contento, más feliz. Soy más feliz. La regla de tres no la sigo y no por ende seguiré a este ritmo. Al menos no mucho tiempo.

Es tarde y he visto tu foto. Y muchas otras que tenías antes puesta. Recuerdo perfectamente aquella foto que hice mía, pues era nuestro momento. Lo miro ahora y sonrío. Sonrío porque me haces vacío. Me provocaste un vacío y me impulsaste al vacío. Por nosotros hablaba el mismísimo Sócrates. Todo tenía coherencia, tenía un ritmo, la película no decaía y todo iba en orden, un paso después de otro. Me gusta esa idea, esa a la que todos llaman estar enamorado, o en nuestro caso “fell in love”, caer enamorado. Caímos, y yo más rápido y más bajo que tú. Nos tiramos un poco al vacío, muy wertheriano como bien decías. No me río de la idea, me parece más que romántica. Suicida. Mientras que caíamos cerrábamos los ojos e “inmerse your soul in love1. Caíamos y tú miraste abajo. Ambos nos cogimos de la mano y saltamos hacia atrás. El vacío como nube que flota pero que se siente como una caída libre placentera y arriesgada a la vez… pero tú te volviste.
Te volviste y miraste abajo. Te acojonaste y no te dio tiempo suficiente a sumergirte. Así pues, viste como las raíces de ese árbol aún afloran en ese acantilado. Te asistes a una y paraste. Yo te vi, pero no veía ese árbol. Es tuyo, no mío, y yo me lancé contigo pero tú… ¿recuerdas esa típica broma de piscina donde los amigos corren a saltar y los demás hacen un amago pero no saltan, y entonces el inocente es el que se moja? Lo mismo, sólo que tu tenías una rama consistente, cercana, oscura, de un árbol que está podrido. Yo lo veo podrido pero no veo sus raíces. Tú ves las raíces pero te quedas en las cuevas formadas entre éstas, en las cuevas de tu refugio emocional, atrapada bajo brazos corruptos que alimentas poco a poco, pues tu tierra es fértil, joven y activa. ¿El cielo? No lo ves, estás atrapada.

Mientras que caía no vi nada. Llegué y me rompí una pierna, parte del brazo izquierdo –con el que te abracé– y se estrió la aorta. Sin atención médica, en ese pozo, tan a oscuras y viéndote, congelada en mi mente, abrazando con todas tus fuerzas esa maldita raíz que se replegó y te metió en la cueva donde aún sigues. 
Pasaron un par de meses. Ya no estabas ahí, ni la rama. Solo esa pared abrupta vertical, oscura como el carbón, sobre un cielo tirando a negro algo neblinoso. La luz no es algo que allí se conociera.
Empecé a andar, y a alejarme de esa pared. A los dos metros divisé un agujero negro cerca de la cornisa. Seguí caminando. Unos hilos blanquecinos, sucios, se veían como retorcidos, tiesos y firmes. Tú los veías vivos; yo los veía… terroríficos.
Fue entonces cuando, a cada paso que daba alejándome de esa pared, me daba cuenta de que no era un simple círculo negro surrealista pintado bajo la cornisa. Era una cueva, donde un brazo del árbol hechicero que tú misma vitalizabas te acogía en su seno. Cuando vi ese paisaje, dejó de moverse. La película había finalmente terminado.

Intenté hablarte. Oíste, pero dudaste. Yo sólo quería sacarte de ese agujero. No sé qué entendiste, pero a mis ojos evitas volver arriba, a tu camino de vuelta, o a bajar buscando otro sendero. No el mío, otro. No sé qué entendiste, pero en absoluto buscaba tus dedos. Sólo quería que terminaras con tu miedo. Ese miedo que se ha hecho tan amigo de ti como del mundo de tu corazón, y no es el verdadero.

Veo las fotos una vez más, antes de cerrar este texto. La vida sigue, la tuya… corriendo. Sigues como si ese sueño no hubiera pasado. Y es que, en realidad, no lo ha hecho. Ha sido real. ¡Despierta, ya has vuelto! ¡Tú desorden no es más miedo a deshacerlo!

Es muy curioso cómo funciona tu cerebro. Tu emoción, tu pensamiento. Pasa un tiempo (que en concepto emocional es sólo un momento). Veo que tú sigues la vida, con el vídeo puesto. Es muy curioso en serio, muy curioso. Porque estoy viendo como el VHS sigue reproduciendo, cómo esa tele traduce el filamento, y cómo, interesantemente yo ya no soy parte de ese hilo negro. 
De repente veo que estoy despierto, que cumplí todo ese macabro sueño. Que me tiré al vacío, y que tú entraste en ese agujero. Sabes que es un sueño. Un sueño que ambos quisimos vivir, y tú no creías que podía ser cierto.

Vuelta a la realidad. 
Como todos los sueños, casi no recuerdas ni el final ni el comienzo.
Tú, que te quedaste en el sueño;
yo desperté, atónito y muriendo.
Marzo, abril, más 2 meses, mi silencio.
Julio y agosto; vivo cerca, pero estoy muy lejos.

No porque no quiera,
tú me apartaste bien lejos.
Te ofrecí la pipa de la paz,
tu fumar no, prefieres vodka negro.
No buscas la puerta, sigues ahí dentro,
hurgando entre tu pasado2,
dibujo del recuerdo…

No sales de tu cuento,
y ahora te entiendo.
Créeme, solo te tiendo la mano,
para poder ser un artesano,
de esa escalera de madera y soga,
y cortar esa raíz que te ahoga.
Más que agarrarte de la mano,
y continuar la caída, ahora
hacia el infierno, te ofrezco, no miento,
ayuda para volver, hacia el claro llano.

Miro la foto, y sonrío. Podría sonarte sarcástico esto, y en realidad siento que amo la vida (es una hija de la gran puta, pero a pesar de ser tan perra y tan cabrona, la sigo amando –como diría Reverte-). Me río en silencio, pues son las 4.17, viéndote como mi recuerdo, sin más remedio; en el pasado te estoy alojando, no porque quiera, sino porque aún no has vuelto de tu realidad, ese maldito sueño.

Ojalá algún día pueda decirte frente a frente, sosteniéndote la mirada sin miedo ni vergüenza, que estás en el fondo perdida. Nada pretendo con eso, salvo evitar que sigas mezclada en ese lamento tuyo, que ya tras años, está petrificado. ¿No crees? Llámame, te cogeré el teléfono.



1 Frase final de “Street Spirit (Fade Out)” de Radiohead. Letra de Thom Yorke. 
2 Vodka negro es porque sigues buceando en tu estanque oscuro. Hurgas en tu pasado no por diversión, sino porque aún no le encuentras explicación a algo que no se la tienes que dar. Yo no le dí explicación a esto. Vino sola sin yo buscarla. Te "agradezco" que me evites, y que me mantengas bien lejos. Sigue evitando a este axioma que te puso ese "STOP" ahí en medio.

sábado, 10 de julio de 2010

Bob X: Castillo de arena / niebla voluntaria de un pétalo más

Se levantó, cogió su fardo, se alisó la camisa de explorador todo lo que ésta se dejaba y se dispuso a ir hacia la izquierda, a pisar el puente que le llevaría a aquella nueva tierra. 

Pensó que al fin era la hora de cruzarlo. Se dirigió creando pisadas nuevas hacia un puente que no unía caminos, sino tierras. Ilusionado, una sonrisa se le dejaba ver en el rostro. Iba a abandonar unas tierras marchitas para introducirse en aquellas nuevas por explorar, enfrente, comenzando por la nueva cornisa que divisaba al otro lado del puente. 
Algo nervioso, aceleró un poco el paso hasta que al llegar El Guardián de las nuevas tierras apareció bloqueando el puente:
- Reconozco el interés que tienes en cruzar el puente, tu mente pura y transparente. Tus intenciones no son otras que explorar nuevo mundo, pero tienes que esperar aún veinte días más.
- ¿Pero… por qué? Es decir, al menos dame una garantía de que tras esos veinte días mi contemplación no será en vano –dijo algo decepcionado Bob.
- No puedo garantizarte nada salvo un no en este justo momento. Quizá con el tiempo…
El guardián no concluyó la frase. Pasaron unos segundos de silencio. Sólo se oía una ráfaga de viento que levantaba algo de polvo.
- Quizá con el tiempo, ¿eh? No puedo pasarme contemplando la nada, la guinda difuminada, durante veinte días sin tener tu palabra –dijo Bob a El Guardián, que seguía en silencio. Tras unos segundos, Bob continuó–. No puedes seguir alentándome a esperar un futuro próximo donde se podrá cruzar y luego, cuando se va alcanzar el punto álgido, no resolver la tensión, diciéndome quizás con el tiempo. No hables de tiempo medido si la medida no conoces.
El Guardián no dijo nada. Permanecieron un minuto frente a frente: Bob indignado, El Guardián, con la capucha bajada como de costumbre, congelado sin un ápice de movimiento. El Guardián, finalmente se pronunció.
- No tengo más decir. Quizá con el tiempo, los cimientos del puente (y no el puente, que como se puede ver está construido) sean fuertes y consistentes. Más no hay que deba ser dicho…
- Eso… ¡eso es miedo! ¡Miedo a que alguien cruce esas tierras, las descubra, como antes otros las han descubierto; miedo a que cuando las explore dañe siquiera un arbusto; miedo a que cuando las recorra sea como exploradores anteriores o las descubra sin ningún tipo de niebla que esconda recodos, esquinas sin luz, rincones ocultos! Eso es miedo, sólo miedo. Y la cornisa seguirá ahí, aislada (qué curioso que “isla” está desordenada dentro de esa palabra). ¡Guardián, el puente siempre estará, o uno mejor, más bello e imponente quizá, pero si seguís con ese miedo, con esas nieblas, jamás alguien podrá cruzar, porque seguirán viniéndose abajo esos puentes que anunciáis sólidos quizá con el tiempo!

Acto seguido, con un halo de un “adiós” en silencio, el Guardián dio media vuelta y se dirigió hacia su cornisa, desapareciendo poco a poco con cada paso hasta la transparencia absoluta al llegar al otro lado del puente.

Bob se quedó unas horas allí parado, cansado y cabizbajo… En realidad estaba decepcionado, no por no cruzar, sino por las Nuevas Tierras y El Guardián de éstas.

Pronto sintió una celeridad. Una celeridad física y no psíquica. Miró a sus pies y vio que no hacían contacto con el suelo. Estaba levitando. Muy poco a poco pero acelerando, siguió ascendiendo, extrañado, sorprendido de lo que le pasaba sin saber ni cómo ni por qué. Seguía subiendo y subiendo… y subiendo más. Ascendió lo suficiente para divisar varias cornisas, y la que tenía enfrente antes se perdió entre muchas otras, creando un paisaje como si de acuíferas que decoran un pantano se tratase. Ya no veía una cornisa con niebla frente a sus ojos, sino que divisaba varias, desde arriba. Ahora no andaba buscando puentes, él era explorador y puente a cada cornisa que tuviera en mente.
Ahora, sólo tenía que decidir cuál era la siguiente tierra a explorar.

viernes, 25 de junio de 2010

Bob IX: El pinar que esconde la playa

  Miró al frente. Allí estaba: la nueva tierra, tras aquella cornisa.
  Recordó por un momento las palabras que El Guía tiempo atrás le advirtió: "Sólo te pido que esperes a que el puente esté terminado, y que esta cornisa se afiance". Sabía que le permitiría el paso, que esa nueva tierra estaba dispuesta a concederle el paso, es más, lo deseaba allí consigo.
  Volvió a mirar al frente. Luego un poco a su izquierda. El puente. Estaba terminado, pero sabía que aún no era el momento de cruzar y quedarse al otro lado, para no volver atrás. "esperes a que el puente esté terminado, y que esta cornisa se afiance".

Estaba seguro de que lo que ya tenía tras sus espaldas allí debía quedarse. Sólo que, aún no era el momento de cruzar el puente y que éste forme parte de lo pasado.
"Debes ser paciente" se repitió interiormente, luego en voz alta para sí. Pero Bob ansiaba cruzar y explorar esas nuevas tierras, nuevas fragancias, colores... otro mundo al fin y al cabo. ¡Lo deseaba tanto! Así pues, Bob dejó su fardo, se fijó por última vez en el espejo que le reflejaba de donde venía, esas tierras por las que había pasado, y cruzó el puente, seguro de sí mismo, y así pudo acariciar los primeros metros de tierra de esa cornisa del nuevo mundo con sus propias manos. Esa orilla, la más fina capa transparente, antecedente del cuerpo original. 

¡No, no! No está cruzando para quedarse. Sólo quería verla un poco, sólo el principio de lo que espera. Se quedará e indagará a fondo esas tierras tan deseadas sólo cuando los cimientos del puente estén algo más sólidos, una pizca más de lo que ya parecen estarlo...

..."Debes ser paciente... ser paciente"...



"Así pues, Bob dejó su fardo, se fijó por última vez en el espejo que le reflejaba de donde venía, esas tierras por las que había pasado, y se dispuso cruzar el puente, seguro de su decisión, y acariciar los primeros metros de tierra de esa cornisa del nuevo mundo con sus propias manos."

Ilustración improvisada por Kalle Eremit (24/6/2010),
tras esbozar el texto.

domingo, 13 de junio de 2010

El ancla de la ceguera

“Y ya han pasado varios años, y aún no he cerrado esa página, anclada en lo más profundo de mi mar tempestuoso. Pero cuando parece estar calmo, las aguas transparentes revelan aquel ancla que mi marea trata de esconder, y sigue agitado...”.


Contenidos similares en diferentes blogs. A veces resultan textos bellos, bellísimos. Otras, textos comunes sobre el dolor y la no superación de una relación pasada.
Este apunte lo hago al pararme a observar cómo una sociedad estresada, en continuo cambio, emborrachada de la velocidad de la información, del gasóleo, y las modas ficticias, está mermada, sin sentidos (añádele la falta de cultura derivada de más cosas que no vienen al caso).
Los medios te meten por oídos, ojos y casi tacto todo lo que debes hacer, ser, sentir, envidiar, tachar, y aprobar. Como un niño cuando le dicen muchas cosas rápidas y no se le da tiempo a procesar, haciéndole obediente de tus palabras; las personas hoy en día actúan igual, con la diferencia de tener la conciencia nublada, trucada.
Todo esto de la velocidad me sirve para justificar la rapidez con que muchos pasan de unas relaciones a otras, algunas casi ficticias por su brevedad. Saltan de una a otra, por miedo a verse en el espejo, ese en el que irónicamente nos vemos a nosotros mismos y no queremos vernos, nos damos miedo, o vergüenza, o como se le quiera llamar.
Y otros utilizan la velocidad de los acontecimientos para evitar ser consciente de los hechos, voluntaria o involuntariamente. ¡Es verdad, es doloroso y “no merezco sentirme así”! Pasas por relaciones, uno intenta pasarlo como puede, pero en el fondo, el vinilo salta siempre en la misma pista a cada vuelta. Almas errantes, perdidas y ancladas. Sólo ellas pueden salir del pozo en que están. Solas o apoyadas, pero sólo su voluntad puede sacarlas de ese agujero.

Sin embargo no queda más que afrontarlo de frente. Gírate que así es la guerra decía una canción. Mírala de frente, mira a esa guerra que se ha desatado, la vida, o esa relación que acabó atravesada, en un cruce, con mi mano en tu rodilla y dando al acelerador.
La bomba es consistente, la más potente y destructora de todas: velocidad para no sentir y/o para manipular, y lo que es peor, la inmolación de usarla para evitar sufrir.

sábado, 12 de junio de 2010

Reflexiones cortas (III): Música

¿Has pensado alguna vez lo grande que es la Música? Le llaman Arte, pero creo que es más poderoso... La música es alguien que camina, que se deja ver sin obligar a nadie mirar. Y como Medusa, le miras a los ojos, directamente, de tú a ella, te petrifica, y se te queda en la retina, y más aún el sonido de sus pasos, el sabor de la uva de un buen vino, el impacto más certero. Te posee, te droga, te martiriza, te lleva al séptimo cielo para enviarte al mismísimo infierno. Te apasiona, te da el odio más amargo, la venganza, el amor, la alegría, la lujuria, la tristeza...

Te da en el alma, y te cambia la vida... y todo ello, sin obligarte.

domingo, 30 de mayo de 2010

Bob VIII: La cornisa, el guía y el espejo.

Era el momento de saltar al otro lado.
De un filo a otro distaba escaso metro y medio, pero suponía demasiado. En medio, un inmenso abismo oculto entre nieblas. “Una gran caída” pensó.
Bob acabó en ese filo, en ese fin del mundo en que había estado viviendo. Ahora quería coger carrerilla y saltar, dejarlo atrás.

Dicen que antes de dar un gran salto uno tiene que estar convencido. Muy seguro de lo que va a hacer, del salto, pues volver atrás no lo permite el reloj, y sería un engaño. Algo bien distinto sería no saltar, pero sí seguir en ese borde y buscar otro al que saltar, diferente al que tiene ahora enfrente, ahí mismo.
Pero Bob no se sentía tan seguro como parece que hay que estar en esas historias que todo el mundo cuenta. A veces hay que saltar aunque no se esté seguro del todo, porque ¿quién sabe si esa cornisa fina de tierra mañana se resquebraja y se cae, quedando más lejos que ahora?

Cuando llegó a la encrucijada no se acordó del tiempo y la tierra tras sus espaldas. Fue entonces cuando apareció un guía en aquella nueva cornisa. Un guardián del umbral de las nuevas extensiones. Hizo éste un movimiento circular con la mano al ver que Bob estaba a punto de saltar, y apareció un espejo. Tal aparición coincidió con un rayo de luz que lo deslumbró, y al incorporarse, Bob vio sin proponérselo aquella tierra que había pisado, y recordó aquellos tiempos en que aún estaba en el camino que la recorre. El guía le advirtió:
- Has de saber que toda acción repentina deja una idea que se evapora con el viento. Estoy convencido de que quieres saltar, y te acompañaré en este nuevo camino en que quieres adentrarte. Sólo te pido que esperes a que el puente esté terminado, y que esta cornisa se afiance. Así, tu intento de entrar no será en vano. Más he de advertirte: al entrar en estas tierras, por tu propia voluntad, tu eres aquí el invitado. No eres el dueño de estas lindes. El espejo te será de ayuda. Tú decides entrar, pero no eres el que debe mandar. Atente a las consecuencias que tus actos traerán.

Bob hizo caso al guía. Soltó el fardo, retrocedió unos pasos, se acomodó y se percató de que el guía no estaba en la cornisa de enfrente. No obstante, el espejo seguía allí. Dirigió su mirada al infinito mientras que el puente seguía construyéndose. No sabía si la construcción iba a ser rápida o lenta.
"Es hora de reflexionar…" se dijo internamente.

martes, 11 de mayo de 2010

A propósito de las palabras

Se ahogan.
Se entierran.
Se maceran.

Se petrifican para ser convertidas en esculturas del olvido, de caliza o mármol, sin más policromía que el paso del tiempo.
La suerte que tenemos todos es que poco a poco, el tiempo pasa. Siempre pasa, el reloj nunca se para, y las palabras se van con él, como el rótulo de “The End” perseguido por los créditos del cast & crew.

Tras el horneado, el bizcocho está caliente, húmedo y humeante, cuya fragancia impacta con asesina certeza en la raíz de la pasión. Al día siguiente ya no huele tanto. La cocina apenas recuerda la sesión de repostería, salvo por el pastel que ya enfriado, espera a ser degustado. O llegará el proceso de las palabras de las que hablábamos antes: se petrifica. Se convierte en “escultura” (física) culinaria.
Y, como el rótulo que pone punto final a una película (o que la abre), e igual y más cercanas al pastel que caduca, las palabras poco a poco van marchitando, van quedando sin efecto, pierden su olor, su fragancia, su incandescencia; van siendo mero recuerdo de la tarde de cocina, fotofinish de la Grecia clásica, una cariátide sin techo tras un terremoto que la congeló en el tiempo.

Tiempo congelado, como un segundo resaltado de un minuto ya marchito, perdido en las arenas de un reloj anticuado.

Las palabras se ahogan, se entierran, se maceran, se petrifican,
y quedan atrás como un retrato sin imagen
de un momento pasado a símbolos,
arrastrados por el tiempo.

No pierden importancia,
pero la vida de sus almas,
se pierden con el tiempo.



PD: aunque hayan pasado unos días, el bizcocho sigue conservando su sabor.

martes, 27 de abril de 2010

illoinización

Hacía meses que no tenía un momento en el que empatizara con Stendhal. Hoy me he puesto ese disco, ese que conocí a través de la pista que un día me distes.

Es bellísimo. Hoy me ha llegado desde el Reino Unido ese disco de 2005. Pensé que la funda sería más vintage, de cartón, más alternativo, y no del común plástico entre todos los mortales discos. Lo pongo en la pletina, volumen al 9, me siento a mirar por la ventana: nubes como volutas de humo, una luz que ya está cayendo (son las siete y media de la tarde), y apenas hoy los niños hacen ruido en los toboganes y en los muelles – será el calor, digo yo…

Sufjan. Ese hombre es único. "Welcome to Illinoise" reza el título. "Bienvenidos a donde sea" o al 'illinoizador'. Las letras, sinceramente, me dan igual, al menos de momento. Recuerdo que leí una de ellas de una canción que me encantó, y sinceramente fue un fiasco. O no la entendí, o realmente la letra no tiene nada de importante. Sea como fuere, me quedo con esa sensación, como si en verano te rociasen colonia fría con un spray. Olor y placer, a la vez que por dentro se mueve todo, y no buscas respuestas. No buscas respuestas porque te bloquea, porque el cielo cambia de color a cada instante, porque la nariz deja de oler y solo respira fuerte y rápidamente, auxiliando e instando a los pulmones a que no paren, a que no se detengan, por favor. Durante 3 segundos buscas algo a lo que agarrarte, algún apoyo para sentarte, aunque estés sentado, algo que resulte familiar y no te haga sentir perdido, teletrasportado o desaparecido. Igual encuentras algo, pero no lo reconoces.

Esas guitarras, que parecen tontorronas, comunes, corrientes, de ayer y de hoy, no suenan como ayer o como hoy o como un mañana. Sino como un nunca y un siempre a la vez. Un sueño y una realidad, un y un no que al fin se concilian sin perder identidad. Lo mismo con ese cuarteto de cuerdas, esa trompeta, ese bajo eléctrico, esos pianos algo destemplados…

Y es que ahora eso no está. Lo recuerdo como un pasado. Para mí la música es el vehículo por el que se expresan sentimientos. ¿Romántico? Sí, lo es, y lo soy. Me encanta sugerir cosas a la gente con esas notas que yo diseño. Antes era como mi diario personal, ahora lo son pero de mi psyché, y además, practico la alquimia de emociones que el cine conlleva. Pero al menos no he perdido esa esencia de emociones sugeridas, unión entre mi vida y lo que la música me dice. Mi “banda sonora”…

Ahora esas músicas que he descubierto de tu mano suenan filtradas por una gramola antigua, de sonido blando, calido y ambiente denso de café francés (luces calidas y apagadas, naranjas, rojos, que tornan al negro nocturno), y algún siseo polvoriento, testigos del paso del tiempo.

Mi camino hacia Chicago, Illinois no dista mucho en el tiempo, me falta poco para oler esas tierras.




“Sea una ‘L’, asida a una Ballesta, Tenida por Eros,

apuntando, sin dorMir, al Mar”





[[foto de Sufjan Stevens por Denny Renshaw, para Asthmatic Kitty Records]]

miércoles, 21 de abril de 2010

¿Cuándo?

La luz cae al neblinoso mar ondulante, azul y gris tamizado de la tarde crepuscular.
Vacío, plano.
El bajo continuo, con el ostinato de guitarra sigue describiendo esa fantasía de Loscos granadina.
Recuerdos, pasado.

Los recuerdos, recreaciones artificiales de sensaciones fuertes anteriores... entre otras cosas...
Nadie sabe nada del mañana, y casi pocos del pasado a ciencia cierta. Y mientras que juegas con la izquierda y con la derecha, con las 23:59 y las 0:01 te pierdes el 00:00. Montefusco recordaba la rebeldía, la reacción ante tanta salvajada con 88:88. Y que cierto eran sus versos:

"Se ha hecho tarde
y esperan que diga algo
y solo soy capaz de enfocar
los números que se vienen, se van y vuelven
al compás
[...]
llega un nuevo año y una nueva sensación
pero eso es imposible
como imposible es que alguien pueda
ni siquiera acercarse a nadie
[...]
y te vuelves loco bocarriba y bocabajo
dirán que sí / dirán que no
dirán que aquí / dirán que hoy
dirán dirán
y así es
suena a cuento amargo
exposición
deconstrucción de algunos hechos
destacados para dar una opinión
o sea
justificación
subidón y crisis
y perdón
tres notas y final de la canción
y así es
dirán que un día se durmió y callarán.

Dicen que llorar es una atajo hacia el mar. Estoy seco, no dreno. ¿Impotencia?
Callejón sin salida
Y vuelta atrás, pero ¿a dónde?
Al mismo sitio de donde te ibas, y todo es un búcle donde cojer carrerilla y saltarse la valla.

Negro, nublado, morado y flash... subidón, y crisis.
Todos te dicen el camino
coinciden con la misma frase
¿habrá que hacerles caso?
¿hacerles caso esta vez tirará el vallado?

Ya es de noche... Ni la luna brilla, ni el sol va a salir,
las estrellas están escondidas, y ya no hay faro que seguir.

Patético. Todo es patético.

Ládrame y ladraré
tócame y te seguiré
esta noche
solos nos reiremos de todo
y todo tendrá una razón
sólo una razón
ládrame y ladraré
pero baila y baila
que no caiga tu sonrisa.


¿Dónde está la salida? ¿Dónde? La puerta de la discoteca es negra,
pero existe, ¿alguien que la señale?
Señala la puerta, muéstrame el camino, ofréceme tu mano
La agarraré y al fín saldré. Pero tú... ¿quién eres? ¿existes?

Seguir picando la roca en la mina, una mina cualquiera cuando antes era de oro.

Hablo con una sombra, con una h que no quería ser muda y que lo es.
Fin, al menos por hoy.

No hay dolor.

¿Cúando? Repito, ¿cuándo?

domingo, 17 de enero de 2010

Espiral

En un día nublado, Walker fumaba un pitillo en el porche de madera que su abuelo Tom un día construyó. En las llanuras de Texas uno puede encontrar de todo, sí, pero sobre todo soledad. De la buena y de la mala.
Tocaba su guitarra. Los ecos hacían que en su mente se solapasen la cuarta cuerda con las 5 restantes. En un bucle que no cesaba, respiraba ese sentimiento de retiro reflexivo y a la vez satifactorio.
"Un bucle..." y pensaba "¿La vida es un bucle?"... Sí, porque toques las notas que toques, tarde o temprano se oirán, se volverán a oir, y volverás a tocarlas, y volverás a oirlas, y todo conforma ese bucle, esa espiral que ni sube ni baja, sólo da vueltas en el mismo punto. ¿La vida misma? ¿El bucle? ¿eco?
¡Pero qué felicidad! Walker estaba en el 'estado 0 (cero)'. Sí, el estado 0 es el estado enque hay un salto en la espiral, y vuelve a empezar... Nada es perfecto, y puesto que es así la espiral también tiene su corte, y su vuelta al inicio del tocadiscos. Sí, en ese momento es cuando nos sentimos realmente felices por ver la vida de principio a fín, la espiral al completo, y decir "¡sí!, así es la vida, se compone de cosas bonitas, y de putadas... pero sin putadas la vida no sería vida y no habría felicidad".
¿No lo has sentido nunca? ¿Nunca has sido conciente de la vida? Si no fallas es que no lo intentas...

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Ahora trascribo un par de frases de Fiodor Dostoievski, las cuales quiero dedicar a Walker:

"Yo no puedo callar cuando el corazón me da gritos..."

"Si quieres ser respetado por los demás, lo mejor es respetarte a tí mismo. Sólo por eso, sólo por el propio respeto que te tengas inspirarás a los otros a respetarte"

(25 de Noviembre, 2008)

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